AGRICULTURA

Cultivos bien nutridos para lograr alimentos más saludables

La nutrición balanceada de cultivos es una estrategia necesaria para disminuir el hambre “oculto”, relacionado a alimentos de baja calidad, que afecta a 2.000 millones de personas en el mundo. En esta línea, Fertilizar AC planteó la importancia de aplicar nutrientes no solo para obtener más rendimientos de manera sostenible, sino también atendiendo a cuidar la calidad de los granos.En una nueva jornada, Fertilizar Asociación Civil mostró la relación entre la nutrición de los cultivos con la calidad de los alimentos que consumimos y planteó que la mejora que hubo en los últimos años en los rendimientos de los principales cultivos de Argentina no siempre fue acompañada en la misma proporción con mejoras en la calidad de los granos. Por ejemplo, en algunas campañas no se logró el nivel de proteínas requerido para la producción de alimentos.La apertura estuvo a cargo de la gerente ejecutiva de Fertilizar AC, Ing. Agr. María Fernanda González Sanjuan, y contó con las disertaciones del Dr. Martín Díaz-Zorita, profesor de la Universidad Nacional de La Pampa y Coordinador del Comité Técnico de la entidad, y del Dr. Ismail Cakmak, profesor de la Universidad de Sabanci-Estambul de Turquía, miembro de La Academia de Ciencias de dicho país y de La Academia de Europa.González Sanjuan compartió que el objetivo de la jornada fue “profundizar sobre la relación entre la tecnología de la nutrición de cultivos, la calidad de los alimentos y la salud humana”.Martín Díaz-Zorita, del Comité Técnico de Fertilizar AC, planteó que el desafío actual para la agricultura es manejar la nutrición de los cultivos dentro de un escenario de deficiencia en los suelos, y mejorar la calidad de la producción. “El punto de partida es reconocer que producir granos es producir alimentos”, por lo cual las decisiones de manejo de la agricultura contemplan lograr que “todos los alimentos tengan una adecuada composición en nutrientes, proteínas, ácidos grasos y elementos esenciales”.En este sentido indicó que, con el manejo de los cultivos, ya sea a través de la elección del genotipo, de fechas de siembra, de condiciones en las que se realizan los cultivos como también con la fertilización, “intervenimos sobre la composición de los granos”. Siempre recordando que “la disponibilidad de nutrientes limita el potencial productivo, en rendimiento y en calidad”, alertó el especialista.Díaz-Zorita mostró la situación actual de los suelos argentinos con serias deficiencias de fósforo (P) y de zinc (Zn). “Casi el 70% tienen limitaciones de P. En Zn, más de 40%”.En tanto que llamó la atención respecto de que en las últimas décadas la búsqueda de una mayor producción de granos no siempre fue acompañada por la calidad de las en composición alimenticia de las cosechas, mientras que “los suelos tendieron a disminuir la oferta de nutrientes según el manejo”. Sumado a esto, manifestó que en Argentina solamente el 30% de los agricultores hace análisis de suelo, lo cual dificulta concretar una estrategia de fertilización adecuada.La Red de estudios de estrategias coordinada por Fertilizar AC, con 66 ensayos realizados durante 6 años en 10 localidades y con 7 cultivos, midió que, frente a los controles sin fertilización, “con los manejos frecuentes” – con la aplicación actual de nutrientes- se logra un 22% más rendimientos; en cambio si optamos por una estrategia de fertilización balanceada basada en el análisis de suelo y apuntando a un rendimiento superador al medio local, se puede alcanzar otro 14% más. “Quiere decir que entre un lote testigo sin fertilizar y uno de alto rendimiento, con planteos de fertilización balanceada, se puede alcanzar hasta 36% más de producción”, describió Díaz-Zorita.En cuanto a la situación por regiones y por cultivos, el especilista apuntó que el trigo ha ganado mucho en producción por cuestiones tecnológicas y de manejo, incluyendo la fertilización con nitrógeno, que permitieron aumentos en los rindes pero que “no fueron acompañados por un aumento en la calidad”, por el contrario “con el aumento de los rindes, el porcentaje de proteínas tiende a disminuir”, lo que conlleva a que los granos tengan más limitaciones para su uso en alimentos. Sin embargo “en la medida que hubo más nitrógeno, la concentración de proteína en el grano mejoró”.En la soja es similar al caso del trigo: cuando aumentó el rinde, disminuyó la calidad. En tanto que cuando se aplicó fósforo “aumentó la producción de proteínas y se dieron mayores rendimientos sin reducir -o ‘diluir’- la concentración de proteínas”.Para el caso del maíz, el aumento en rendimientos que se dio en los últimos años con el mejoramiento en las semillas también estuvo “asociado” a la aplicación de N. Sin embargo, disminuyó la concentración de P en los granos, “porque no se ajustó” según en cantidad acorde a los requerimientos del cultivo.“Lo que trabajamos ahora es en ver cómo mejoramos la eficiencia de la incorporación de P en las plantas, con otros elementos como el Zn para hacer más eficiente y que el cultivo pueda disponer de los elementos para mejorar su concentración en los granos”, resumió.Finalmente, Díaz-Zorita enumeró que la producción agrícola debe tener como meta:• Producir alimentos con composiciones básicas específicas.• Maximizar la eficiencia de producción de los cultivos y observar la dilución de nutrientes al aumentar los rendimientos.• Hacer un manejo balanceado y estratégico de la fertilización, que contribuya a cuidar la calidad (composición base) de los granos.• No descuidar la incorporación efectiva de nutrientes, a través de la correcta administración de los fertilizantes, en la producción de alimentos.El hambre ocultoEl Dr. Ismail Cakmak, de la Universidad de Estambul, relacionó el problema del hambre en el mundo no solo como una situación crónica –la falta de alimentos, que afecta a 800 millones de personas- sino como una cuestión vinculada a la baja calidad de los alimentos por la falta de nutrientes esenciales en la composición de los mismos, lo que se conoce como el “hambre oculto”, que afecta a 2.000 millones de personas.Cakmak describió específicamente la deficiencia en los micronutrientes zinc (Zn) y selenio (Se), entre otros, los cuales actúan en el sistema inmune de las personas.Y aunque resaltó que su falta puede ser sustituida por la industria de los alimentos con “biofortificadores”, marcó la necesidad de que tanto Gobierno como productores “aborden una nueva forma de pensar” para colaborar a combatir el “hambre oculta”, el cual además de ser un problema de salud, también tiene un impacto económico, con una implicancia, en promedio, del 5% del PBI mundial.El especialista enumeró que hay bajo contenido en micronutrientes en los alimentos por 3 razones:• Los suelos tienen bajo nivel de micronutrientes disponibles.• El agotamiento de los micronutrientes por la agricultura. Citó que en el caso del maíz se extraen del suelo “500 gramos de Zn cada año”.• Y que “los sistemas de producción están enfocados en el rendimiento sin prestar atención al valor nutricional de lo que se produce”.Cakmak coincidió que “aumentar el rinde disminuye el contenido de proteína” y resaltó que la falta de éxito para reducir el hambre oculto fue “porque no se incluyeron soluciones basadas en la fertilización”, aun cuando en el mundo se registra un incremento en la aplicación de nutrientes, pero la atención se pone en “lograr un mayor rinde del cultivo y producir mayor cantidad de alimento olvidando la importancia de la calidad de los mismos”.El especialista compartió tres casos a nivel mundial de políticas públicas en las cuales se dispuso con éxito aumentar el contenido de micronutrientes en los alimentos para sortear problemas de salud pública y expresó que “Argentina puede jugar un rol importante en la reducción de la deficiencia de zinc en la población mejorando el manejo nutricional del trigo”, ya que es uno de los principales productores y exportadores del cereal a nivel mundial. Propuso en el mismo orden que “si se biofortifica a través de planes de fertilización (el cereal) se puede lograr un producto ‘distinguido’ y ser pionero en el mundo”.Entre las conclusiones que presentó el Dr. Cakmak, se destacan las siguientes:• Los sistemas actuales de manejo y producción de cultivos no son capaces de proporcionar suficientes micronutrientes para una nutrición humana óptima.• Los nutrientes vegetales ofrecen soluciones altamente efectivas para combatir el problema del hambre oculto y deben ser considerados por los responsables políticos y la industria de los fertilizantes.• Ahora es el momento de incluir a los fertilizantes en los programas y políticas de nutrición humana regionales y nacionales para abordar los problemas del Hambre Oculto.• Teniendo en cuenta los enormes impactos económicos del hambre oculto en el PIB, se deben implementar soluciones basadas en incentivos para alentar a los productores a adoptar la biofortificación agronómica, por ejemplo, fomentando la adopción y el uso de fertilizantes especiales, o dando incentivos por la calidad adicional (contenido de micronutrientes) en los granos.Cakmak cerró su presentación con un slide que rezaba: “Focus on better food, not only more food (foco en mejor comida, no solo en más comida)”.El cierre de la jornada lo realizó el presidente de Fertilizar AC, Francisco Llambías, quien agradeció las presentaciones de los especialistas que fueron “muy ilustrativas” de la importancia de la nutrición de los cultivos en el contexto de un año “desafiante”, dada la coyuntura internacional del mercado de los fertilizantes.